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¿Destrucción del Planeta o Extinción del Hombre?

  • 13 abr 2016
  • 3 Min. de lectura

Necesitamos un mundo de corazones, no de cerebros…


Todos merecemos vivir en un mundo mejor y deseamos de corazón que ese cambio se produzca, y por qué no comenzar por decir qué… necesitamos gente que ame lo que le gusta, no necesitamos genios, simplemente personas felices.


Tú, que das clases, que eres maestro, ¿alguna vez te soñaste frente a un grupo? ¿Dentro de tus anhelos más profundos te visualizaste como maestro? Te imaginaste que tú serías un maestro como muchos que tuviste durante el paso en la escuela, en el liceo o en la universidad. Aquellos que formaron en ti el sentido de la responsabilidad, justicia, respeto, que fueron tus guías, ejemplo de lo que es una persona valiosa y no por sus riquezas materiales, sino por sus riquezas espirituales. Aquellos maestros que en su momento no te gustaba su forma de penetrar en tus sentimientos o pensamientos, porque descubrían tus errores, tus mentiras, tus grandes capacidades y que tu no querías que salieran. Esos maestros, que buscaban sacar lo mejor de ti, para que fueras en el futuro una persona feliz en lo que hacías, y sobre todo que creyeras en ti.


Aunque no eran psicólogos, tenían ese amor por lo que enseñaban y disfrutaban el compartir con sus alumnos lo que sabían. Se enorgullecían por sacar adelante a esos chicos que les costaba trabajo aprender o que su interés no estaba centrado en el aprendizaje. Esos eran sus enormes retos año tras año y cuando al final del curso lo lograban, era tiempo de decirles adiós a esos chicos y dejarlos volar hacia otras manos para que continuaran con su aprendizaje, pero no sin antes despedirlos con palabras alentadoras y llenas de cariño.


Maestros que no contaban con técnicas ni materiales didácticos modernos, pero si podían descubrir de que grupo era cada salón, eran tan detallistas, que por la letra reconocían el cuaderno de cada uno de sus alumnos. Siempre supieron que su mayor satisfacción era el ver los resultados en sus alumnos. No se daban por derrotados fácilmente, al contrario, les encantaban los retos de lograr que sus alumnos aprendieran y progresaran. Y ni se diga cuando llamaban a los padres, describían perfectamente su carácter, sus intereses y ¿por qué no? hasta sus sentimientos.


Sabían que la rutina era parte de la formación de sus alumnos, formaban hábitos de limpieza, hábitos de orden, de respeto entre sus alumnos y sobre todo se les inculcaba la honradez, no se permitía que ni un objeto se desapareciera o perdiera, todo tenía que estar ordenado y en su lugar. ¿Y cómo podían lograr todo esto? Porque tenían muy claro hacia donde debían conducir a sus alumnos y sobre todo porque tenían una GRAN VOCACIÓN.


Dime tú maestro, que te has entregado a la enseñanza, la formación y la educación ¿qué te mueve para ser maestro? Sino es la vocación de servicio y enseñanza, te has equivocado de profesión. Si no amas la docencia, por favor no seas maestro, no destruyas a esas personas que te han entregado, para que las transformes en hombres y mujeres de bien.


Cada vez con más frecuencia, nos encontramos con maestros que han llegado a la docencia por falta de oportunidades para encontrar un trabajo en una organización. No es lo mismo saber, que saber enseñar. Si por accidente, llegaste a ese lugar que se llama "Escuela", “Liceo” o “Universidad”, demuéstrate a ti mismo que eres capaz de aprender, ¡Sí! ¡de aprender a ser Maestro!


No te limites como persona a "hacer un trabajo" ya que el sueldo no compensará el esfuerzo de estar frente a un grupo, entre menos tiempo inviertas en preparar tus clases, mayor será tu trabajo para controlar al grupo, entre menos te preocupes por tus alumnos, ellos menos se preocuparán por ti, entre más intolerante seas con tus alumnos, ellos serán peor que tú. Aquí, sí se aplica la 3era Ley de Newton: Principio de Acción y Reacción.


Ten presente algo..., aquellos alumnos a los que hoy enseñas, mañana será el Doctor que atienda a tus hijos, el Abogado que llevará tu demanda, el Maestro que enseñe a tus nietos, el Psicólogo, o el Químico…


¿No te indigna la mediocridad de muchas personas que están a tu alrededor en el camino de la vida? Maestro, en tus manos está el poder de cambiarlo, no seas ejemplo de mediocridad. Entrégate de corazón a tu vocación, si no la tienes puedes desarrollarla, si no te interesa, cambia de trabajo y no sigas destruyendo a nuestro futuro porque también es el futuro de tus hijos.


Te invito a salir del mundo de la excelencia y te incorpores al mundo de la igualdad, de la cercanía, de la unión, del amor, del sentir, del servir y sobre todo a un mundo de exaltar corazones…


Me gustaría que vieras este emotivo video: Tú ¿Por qué eres Maestro?

 
 
 

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