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El Poder de las Palabras

  • 15 ene 2016
  • 3 Min. de lectura

Si entendiéramos el “Poder” que tienen las palabras cambiaríamos el mundo entero, cambiaríamos nuestra manera de expresarnos, nuestros pensamientos y emociones fueran diferentes. Comprenderíamos, por ejemplo, por qué nos suceden las cosas que nos suceden, por qué tenemos la vida que tenemos, por qué sentimos lo que sentimos o simplemente por qué somos lo que somos.


Muchas veces escuchamos de nosotros mismos o de otras personas, esas creencias: de que yo no puedo, yo no sé, no soy capaz, o no tengo los recursos para poder lograr tal o cual objetivo. Como decía Henry Ford: “Tanto si crees que puedes como si no, tienes razón”.


Eres lo que crees que eres. Hace poco leí un libro de Jorge Bucay, Recuentos Para Demián y me encontré con el Cuento del Elefante Encadenado, un poco para entender cómo las creencias que tenemos grabadas en nuestro inconsciente son las que dan forma a la realidad que vivimos, sin que nos demos cuenta. Hay que entender algo: el mundo que creemos no es la realidad; la vida, nuestro día a día pasa constantemente por el filtro de nuestras creencias, aquello que creemos, nuestros juicios y principios de vida. En realidad, para interactuar con el mundo, nos hemos construido un modelo subjetivo de éste, basado en la interpretación (nuestras creencias) que hacemos de él. Por ende, no digamos que es la realidad, digamos que es nuestra realidad. Es como si viéramos el mundo a través de unos lentes, el resultado de lo que veamos dependerá del aumento que tengan los lentes. Hay lentes que nos ayudarán a ver mejor y otros que no. Hay creencias limitantes y potenciadoras. En la mayoría de las ocasiones, estas creencias ni siquiera han sido comprobadas, las damos por hechas porque en algún momento de nuestra infancia sacamos una conclusión. Algo que vivimos o nos dijeron transformó esa conclusión en una creencia, que con los años fuimos aprobando a través de la repetición de mensajes que nos decíamos a nosotros mismos, hasta que quedaron enterradas en nuestra mente inconsciente. Como estas creencias operan a un nivel inconsciente es necesario conectar con él para tratar de identificar esa creencia limitante y sustituirla por otra potenciadora. Este proceso es transformador: si cambias una creencia que te limita, te cambias a ti mismo. Yo tuve en mi vida ciertas creencias limitantes y las transformé en oportunidades.


Las creencias alteran lo que ves, lo que oyes y lo que sientes, determinan tus actos, y tus actos, a su vez, verifican y refuerzan tus creencias. A medida que pasa el tiempo y obtienes más evidencias, tus creencias se arraigan cada vez con más fuerza y parecen cada vez más reales. Identificarlas, ser conscientes de ellas y darte cuenta de qué manera te están limitando es el primer paso para empezar a cambiarlas.


Creas y creerás... Esto me recuerda un día que estaba con mi hija Reyna Sofía (8 años), entrando al sector donde vivimos, a lo lejos ella ve un conglomerado de zamuros volando y ella muy inocentemente me dice: -Mami que aves tan bellas, ¿¿verdad??- Yo la veo con cierto desconcierto y antes de responder, como queriendo buscar las palabras correctas, le contesté: ¡¡Sí hija bella, Son Hermosas!!


¿Y cuáles son tus creencias?


Para consulta: te invito a que veas una película que te va a ayudar a comprender mejor sobre las creencias limitadoras y potenciadoras, acá el tráiler de El Discurso del Rey.


Hasta una próxima publicación…


 
 
 

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